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'Cognitive surrender' es rendirse a la IA sin pensar. El antídoto propuesto es más responsabilidad individual. Es exactamente lo que se dijo del GPS, de las redes sociales y de la calculadora. Nunca ha funcionado.
Entre los debates que ha abierto la IA, el de "lo humano" es el que más pánico desata. Conviene recordar que lo inhumano siempre fue cosa de humanos, y que toda tecnología refleja los intereses de quien la posee. Puede que haya preguntas más urgentes que resolver.
Mythos: el peligroso modelo que nadie puede usar salvo un puñado de poderosas empresas elegidas a dedo por Anthropic
Anthropic ha construido un modelo que considera demasiado peligroso para el público y lo ha entregado a más de 50 corporaciones elegidas sin criterios públicos. Mientras los reguladores europeos esperan fuera, la NSA lo usa en secreto y Sam Altman lo llama "fear-based marketing".
La historia oficial es clara: Anthropic ha construido un modelo tan potente que ha decidido no lanzarlo al público. En pruebas internas, Mythos Preview identificó miles de vulnerabilidades críticas en prácticamente todos los sistemas operativos y navegadores principales. El riesgo para el ecosistema y la seguridad de la red a escala planetaria parecen evidentes. La solución, bautizada Project Glasswing, entrega acceso exclusivo a más de 50 organizaciones tecnológicas junto a 100 millones de dólares en créditos de uso (entre ellas, Amazon, Apple, JP Morgan Chase, Goldman Sachs y Morgan Stanley)(Euronews). Visto así, Anthropic se ubica a sí mismo como guardián responsable de la tecnología que ha creado.
Sin embargo, lo que la historia oficial no responde es la pregunta más obvia, más importante y quizás más compleja de resolver: ¿quién decide quién entra en ese club, y con qué criterios?
Ninguna entidad no estadounidense fue incluida en el grupo inicial de acceso. La Comisión Europea tuvo que solicitar una reunión de urgencia para obtener información básica sobre el modelo (PYMNTS). El AI Act europeo entra en su fase de aplicación en agosto de 2026, semanas después de que Mythos lleve meses circulando entre las corporaciones elegidas por Anthropic. El regulador llega tarde a una sesión de control esencial a la que no fue invitado.
La peligrosa contradicción en el uso de Mythos
La contradicción más llamativa, no obstante, está en Washington. Hace tan solo dos meses, Anthropic se negó a que el Pentágono usara sus modelos para "cualquier propósito legal", específicamente para armas autónomas y vigilancia masiva, lo que derivó en una designación como "riesgo para la cadena de suministro nacional". Mientras el caso está en los tribunales, la NSA (que depende del propio Departamento de Defensa) usa Mythos activamente (Axios). El Pentágono argumenta en sede judicial que Anthropic amenaza la seguridad nacional mientras sus propias agencias de inteligencia usan el modelo que consideran demasiado peligroso para el público.
Un análisis publicado en ProMarket advierte que Project Glasswing podría vulnerar la legislación antimonopolio (una vez más, en el sector de las big tech): más de 50 de las corporaciones más poderosas del mundo comparten datos técnicos y "mejores prácticas" en un círculo privado, creando un vacío de transparencia que podría alinear su comportamiento de mercado de formas que suprimen la competencia externa dotándoles, además, de valiosa información privilegiada y ventajas competitivas.
El debate sobre si Mythos es realmente peligroso o es, como Sam Altman definió en el podcast Core Memory, "fear-based marketing", no hace más que ensombrecer lo más importante: independientemente de la respuesta, Anthropic ha construido un mecanismo de distribución privado para una tecnología de consecuencias públicas, sin supervisión regulatoria efectiva, sin representación internacional, y con la NSA como cliente no oficial mientras litiga contra el ejército que la financia. Como señala un análisis técnico del modelo, "la regulación llega tarde, como ocurre frecuentemente en tecnología. Entre ahora y agosto, las capacidades habrán avanzado de nuevo." (Version1)
La pregunta que entidades como Pause AI, los reguladores europeos y los críticos del sector deberían formular es clara y contundente: ¿quién tiene derecho a decidir quién accede a esta tecnología, bajo qué condiciones y con qué rendición de cuentas? Porque la diferencia entre un guardián responsable y un gatekeeper con intereses propios no la puede dirimir la misma empresa que construyó el modelo y eligió a dedo quiénes lo testean.
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Las demandas de movimientos anti-AI como Stop AI y Pause AI atañen al futuro del trabajo, la concentración de poder y la calidad informativa. Ninguna ha recibido una respuesta seria de la industria. Lo que sí ha sacudido Silicon Valley fue un cóctel molotov contra la casa de Sam Altman (OpenAI).