Las guerras disparan la slopaganda: Irán usa ChatGPT y Gemini para fabricar desinformación a escala industrial. Y la diferencia entre democracias y autoritarismos se ha vuelto una cuestión de grado, no de naturaleza.
'Cognitive surrender' es rendirse a la IA sin pensar. El antídoto propuesto es más responsabilidad individual. Es exactamente lo que se dijo del GPS, de las redes sociales y de la calculadora. Nunca ha funcionado.
Entre los debates que ha abierto la IA, el de "lo humano" es el que más pánico desata. Conviene recordar que lo inhumano siempre fue cosa de humanos, y que toda tecnología refleja los intereses de quien la posee. Puede que haya preguntas más urgentes que resolver.
'Slopaganda': las guerras disparan la desinformación con IA
Las guerras disparan la slopaganda: Irán usa ChatGPT y Gemini para fabricar desinformación a escala industrial. Y la diferencia entre democracias y autoritarismos se ha vuelto una cuestión de grado, no de naturaleza.
Según una investigación del Financial Times publicada a finales de mayo, Irán utiliza ChatGPT y Gemini para desarrollar malware, diseñar campañas de phishing en hebreo y árabe y construir identidades digitales falsas contra EEUU e Israel. Google detectó al grupo estatal APT42 usando Gemini días antes del inicio del conflicto. OpenAI confirmó haber desactivado cuentas vinculadas a la operación y compartido inteligencia con gobiernos aliados.
No es una táctica nueva ni exclusivamente iraní. Ya documentamos en un artículo de Slopedia cómo Rusia construyó una infraestructura de millones de artículos generados por IA para envenenar los resultados de los chatbots occidentales. La lógica es la misma: si la IA valida la realidad por probabilidad estadística, quien genera más volumen acaba fabricando la verdad oficial.
Lo que ha cambiado en la estrategia de desinformación en tiempos de guerra es la escala, la velocidad y un detalle no menor: las herramientas son occidentales.
La guerra con Irán convirtió las redes sociales en el segundo frente más activo del conflicto. El New York Times identificó más de 110 imágenes y vídeos únicos generados por IA en las primeras dos semanas: misiles destruyendo el aeropuerto de Tel Aviv, el ayatolá Jamenei aplastado entre escombros, tropas estadounidenses avanzando sobre Teherán. Un vídeo viral de misiles impactando Tel Aviv arrojó una probabilidad de entre el 97% y el 99% de ser IA según Hive Moderation y Sightengine, y acumuló más de un millón de visualizaciones. El ataque a la escuela de Minab, donde murieron más de 150 niñas, fue simultáneamente instrumentalizado por ambos bandos: Irán para denunciar el ataque; una campaña coordinada en X para atribuirlo a un atentado yihadista en Kabul de 2021. Grok, la IA integrada en X, validó inicialmente la versión falsa antes de rectificar —rectificación que quedó sepultada por la versión inicial, amplificada por cuentas afines a Trump y Netanyahu.
Aquí está la combinación que convierte la slopaganda en algo cualitativamente distinto a la propaganda tradicional: no es solo el contenido falso, es el contenido falso más la infraestructura de las redes sociales que lo amplifica de forma discriminada.
Los algoritmos de X, Instagram o TikTok no distinguen entre desinformación de Estado y contenido orgánico y, en algunos casos, como Grok, la amplifican activamente.
El volumen fue tal que X anunció la demonetización durante 90 días de cualquier cuenta que publicara contenido generado por IA relacionado con el conflicto. Una medida reactiva, llegada tarde, aplicada por la misma plataforma cuya IA había contribuido al caos.
La slopaganda iguala democracias y regímenes autoritarios
Hay una contradicción que ningún portavoz ha querido abordar todavía.
Los mismos gobiernos que invocan la transparencia y la verdad como valores fundacionales de la democracia reconocen implícitamente la desinformación como táctica legítima de guerra.
Israel restringió información sobre daños en su territorio mediante censura militar. EEUU advirtió públicamente de las imágenes falsas iraníes mientras sus aliados controlaban el relato de sus propios ataques. Irán fabricó portaaviones en llamas; el otro bando fabricó su propia versión de los hechos.
La slopaganda no es una patología de los regímenes autoritarios. Es la doctrina de cualquier Estado que tenga acceso a las herramientas y a la infraestructura.
Y esa infraestructura —ChatGPT, Gemini, X, TikTok— es la misma para Teherán que para Washington. La diferencia entre democracia y autoritarismo, en el campo de la desinformación industrial, se ha vuelto una cuestión de grado, no de naturaleza.
El equipo de World Slop investiga, analiza y escribe sobre el slop que circula 24/7 en las redes sociales y el flujo informativo en cualquier lugar del mundo.
La IA fabrica documentos de identidad convincentes en menos de un minuto. Sin habilidades técnicas. Solo un prompt. Los sistemas de seguridad tradicionales no van a esa velocidad.
La propaganda política ha encontrado su infraestructura perfecta. Millones de artículos generados por IA, gramaticalmente impecables y deliberadamente falsos. El slop se ha convertido en arma de Estado.
Anthropic ha construido un modelo que considera demasiado peligroso para el público y lo ha entregado a más de 50 corporaciones elegidas sin criterios públicos. Mientras los reguladores europeos esperan fuera, la NSA lo usa en secreto y Sam Altman lo llama "fear-based marketing".
Las demandas de movimientos anti-AI como Stop AI y Pause AI atañen al futuro del trabajo, la concentración de poder y la calidad informativa. Ninguna ha recibido una respuesta seria de la industria. Lo que sí ha sacudido Silicon Valley fue un cóctel molotov contra la casa de Sam Altman (OpenAI).