Este año, en algún momento entre ahora y el 31 de diciembre, morirán aproximadamente 3,2 millones de personas en Estados Unidos. En el mundo, la cifra ronda los 60 millones. Cada uno de esos muertos dejará tras de sí una media de 7.500 fotografías digitales, miles de mensajes de WhatsApp, años de publicaciones en redes sociales, playlists de Spotify, búsquedas de Google, correos electrónicos sin responder, y una huella de comportamiento digital tan densa y específica que, en muchos casos, resulta más completa que cualquier diario o álbum familiar de generaciones anteriores. Facebook, según sus propias estimaciones internas filtradas en 2023, alberga ya más de 1.700 millones de perfiles de personas fallecidas. Para 2070, los muertos superarán en número a los vivos en esa plataforma.
La pregunta, hasta hace poco, era filosófica: ¿qué hacemos con todo eso? Ahora es una pregunta de negocio.
El duelo era, desde el principio de la humanidad, un proceso construido sobre la ausencia. Se lloraba porque ya no estaban. Se visitaban las tumbas porque eran el único lugar donde algo de ellos permanecía. Se guardaban fotos porque eran lo más cerca que se podía estar de algo que se había ido para siempre. Ese vacío tenía una función psicológica precisa: obligaba al cerebro a aceptar, de manera gradual y dolorosa, que la relación había terminado.
Eso está a punto de cambiar. O, dependiendo de a quién se le pregunte, ya ha cambiado.
Dos filosofías, un mercado
Aeterna.ai y Forever Gone son, sobre el papel, empresas del mismo sector: el llamado grief tech, o tecnología del duelo, una industria que en 2024 movió cerca de 22.000 millones de dólares a nivel global y que, según proyecciones de Zion Market Research, alcanzará los 79.000 millones en 2034. Pero sus aproximaciones al problema son tan opuestas que resulta difícil creer que compitan por el mismo usuario.
Aeterna.ai, con sede en San Francisco, ofrece lo que su fundador, Marcus Webb, describe como "continuidad emocional": mediante el entrenamiento de un modelo de IA con el historial de mensajes, publicaciones, fotografías, audios, correos y patrones de comportamiento del fallecido, la plataforma genera un avatar conversacional capaz de responder mensajes de WhatsApp, publicar en Instagram y mantener conversaciones de voz que, según sus propios datos de usuario, el 71% de los participantes en su beta no distingue de interacciones reales durante los primeros tres minutos.
Forever Gone, fundada en Estocolmo y con oficinas en Nueva York, trabaja desde el ángulo opuesto. Su servicio, denominado Clear Break, utiliza la IA para construir un perfil de los rasgos más negativos del fallecido: sus comportamientos egoístas, sus patrones de abandono emocional, sus mensajes más hirientes, sus promesas incumplidas. El objetivo declarado es acelerar el duelo a través de lo que su CEO, Nora Lindqvist, llama "desidealización asistida": si la persona que murió te hacía daño, si la relación era tóxica o simplemente inexistente, el modelo te recuerda por qué su ausencia, aunque dolorosa, es también un alivio.
Son, en esencia, dos startups vendiendo la misma cosa: una versión gestionable de la pérdida. Solo que desde extremos completamente distintos del espectro emocional.
Los arquitectos del duelo 2.0
Marcus Webb tiene 39 años, una sonrisa calibrada para las entrevistas y un historial profesional que en Silicon Valley equivale a credenciales nobiliarias. Antes de fundar Aeterna.ai, Webb fue product lead en Google DeepMind durante cuatro años, donde trabajó en modelos de lenguaje aplicados a la síntesis de voz emocional. En 2021 se incorporó a OpenAI como director de producto para aplicaciones de consumo, pero lo dejó a los dos años, según ha contado en varias ocasiones, "frustrado por la distancia entre lo que la tecnología podía hacer y las aplicaciones reales que se le permitía explorar."
"Había algo en la idea de que toda esa capacidad de comprensión del lenguaje humano —de sus matices, sus silencios, sus ironías— se usara principalmente para resumir documentos corporativos", dijo Webb en una entrevista con The Information en febrero de 2024. "Yo quería hacer algo que importara de verdad en la vida de las personas. Y pocas cosas importan más que perder a alguien."
Aeterna.ai levantó una ronda semilla de 4,5 millones de dólares en 2022 liderada por Lux Capital, y cerró su Serie A de 14 millones en enero de 2024 con Andreessen Horowitz como inversor principal, con participación de Founders Fund y el family office del ex-CEO de Twilio, Jeff Lawson. La valoración actual de la empresa se estima en torno a los 90 millones de dólares, aunque la compañía no ha confirmado la cifra.
Al frente del marketing de Aeterna.ai está David Park, 44 años, que pasó siete años en Meta como director de crecimiento de Instagram y fue uno de los arquitectos del sistema de notificaciones que convirtió la plataforma en un mecanismo de retención casi involuntario para sus usuarios. Park llegó a Aeterna.ai en 2023 con un mandato claro: normalizar la conversación sobre el duelo digital antes de que la competencia lo hiciera.
"La gente ya habla con sus muertos", dijo Park en una charla en la conferencia Web Summit Lisboa el pasado octubre. "Le hablan a las fotos, a las tumbas, a la ropa que no han tirado. Lo que nosotros hacemos es que esa conversación tenga respuesta."
Nora Lindqvist, 43 años, recorrió un camino diferente. Doctora en psicología clínica por la Universidad de Uppsala —donde su tesis doctoral sobre los mecanismos de la vinculación patológica en el duelo complicado fue citada más de 400 veces en revistas especializadas—, Lindqvist cofundó en 2017 una startup de salud mental llamada Mender, centrada en terapia de procesamiento de trauma por app. En 2021, Calm adquirió Mender por una cifra que no fue divulgada pero que fuentes cercanas a la operación sitúan entre 18 y 22 millones de dólares.
Tras un año dentro de Calm, Lindqvist dimitió. "Aprendí que el bienestar como producto de consumo tiene un problema estructural: necesita que estés un poco mal para seguir suscrito", explicó en su newsletter Grief Intelligence, donde tiene 34.000 suscriptores. "Decidí que quería construir algo que te ayudara a terminar de necesitarlo."
Forever Gone levantó 9 millones de dólares en una ronda semilla en 2023, financiada principalmente por Northzone —la firma nórdica de capital riesgo que respaldó Spotify en sus primeras etapas— y por dos inversores individuales notables: el neurocientífico y divulgador Robert Sapolsky y la ex-directora de operaciones de Headspace, Kristy Dickson. La propuesta era lo suficientemente provocadora como para generar cobertura mediática de forma casi automática.
Al frente de marketing de Forever Gone está Sienna Torres, 38 años, ex-directora creativa de Duolingo durante los años en que la aplicación perfeccionó su estética de humor negro como herramienta de fidelización. Torres, conocida en el sector por su eslogan de campaña interna —"si no incomoda, no convierte"—, diseñó el lanzamiento de Forever Gone con una estrategia deliberadamente polarizante: el primer anuncio de la empresa mostraba a una mujer de mediana edad sonriendo frente al móvil mientras el tagline decía, simplemente, "Él no era tan bueno. Y ya está bien que se haya ido."
El anuncio fue retirado de Meta a las 18 horas. En TikTok duró 72.
Los precios del olvido y de la memoria
Los modelos de negocio de ambas empresas revelan mucho sobre su filosofía.
Aeterna.ai opera con tres niveles de suscripción. El plan Memory, a 29 dólares al mes, ofrece acceso a texto: el avatar del fallecido puede responder mensajes de WhatsApp y comentar en Instagram, con una limitación de 200 interacciones mensuales. El plan Presence, a 79 dólares al mes, añade síntesis de voz —entrenada con audios y vídeos del fallecido— y permite llamadas de hasta 10 minutos. El plan Legacy, a 199 dólares al mes, ofrece interacciones ilimitadas, integración con videollamada mediante avatar generativo en tiempo real, y acceso a lo que la empresa llama Memory Vault: una tienda de recuerdos adicionales que los familiares pueden comprar por separado, entre los que se incluyen "conversaciones restauradas" (reconstrucciones de intercambios de mensajes perdidos o eliminados) y "momentos proyectados" (simulaciones de cómo habría reaccionado el fallecido ante eventos posteriores a su muerte, como el nacimiento de un nieto o el resultado de una final de fútbol).
Forever Gone es más austera en su presentación. El servicio básico, llamado Perspective, cuesta 49 dólares como pago único: un informe de entre 15 y 30 páginas generado por IA a partir del material aportado por el usuario —mensajes, correos, descripciones de comportamientos—, que construye un perfil psicológico del fallecido enfocado en sus patrones disfuncionales. El servicio Clear Break, a 19 dólares al mes, añade sesiones conversacionales con el modelo, en las que el usuario puede preguntar, confrontar o simplemente expresar su rabia ante una representación de los aspectos más dañinos de esa persona. Existe también un servicio premium de 299 dólares, Final Session, diseñado como una única sesión de hasta tres horas guiada por un terapeuta humano en combinación con el modelo de IA, para "cerrar formalmente" la relación.
La psicología ante el precipicio
La comunidad científica observa ambas propuestas con una mezcla de fascinación y alarma.
La Dra. Elena Vasíliev, psicóloga clínica de la Harvard Medical School especializada en duelo y tecnología, y autora del informe Digital Attachment: Emerging Risks in Posthumous AI Interaction (2024), reconoce que hay casos de uso legítimos, pero advierte de los riesgos de generalización. "El duelo no complicado puede coexistir con estas herramientas, igual que coexiste con el álbum de fotos o con la costumbre de hablar en voz alta en el cementerio", explica Vasíliev. "El problema es que nada de eso responde. Y cuando algo responde, el cerebro activa circuitos de vinculación que no distinguen entre presencia real y presencia simulada. Estamos ante una tecnología que puede interrumpir el proceso de aceptación de manera sistemática y sin que el usuario sea consciente de ello."
En la consulta de Vasíliev han aparecido, en el último año, cuatro pacientes que ella describe como casos de "duelo suspendido asistido digitalmente": personas que llevan entre seis meses y dos años manteniendo conversaciones regulares con avatares de fallecidos y que muestran indicadores clínicos propios del duelo prolongado o complicado: dificultad para retomar relaciones sociales, ideación sobre la muerte propia, y lo que Vasíliev denomina "ansiedad de desconexión", el miedo a cancelar la suscripción porque hacerlo sería, emocionalmente, volver a perder a esa persona.
Forever Gone tiene sus propios problemas documentados. Un hilo publicado en Reddit en el foro r/GriefSupport en noviembre de 2024, que acumuló más de 4.000 comentarios antes de ser archivado, recogía testimonios de usuarios que, tras sesiones de Clear Break, experimentaron espirales de culpa inversa: el proceso de "desidealización" del fallecido les había generado una vergüenza profunda por haber sentido alivio ante la muerte de alguien. "No sabía que odiaba a mi padre hasta que me lo demostró un algoritmo", escribió uno de los usuarios anónimos. "Y ahora no sé qué hacer con eso."
La Dra. Lindqvist responde a estas críticas con una posición que oscila entre la defensa clínica y el pragmatismo comercial. "Ningún psicólogo diría que verbalizar los aspectos negativos de una relación es dañino", argumenta. "Lo que hacemos es crear un espacio donde eso sea posible, sin el tabú social que rodea a hablar mal de los muertos. El duelo por personas que nos dañaron es uno de los tipos de duelo más silenciados y menos atendidos. Existe un mercado enorme de personas que no pueden decirle a nadie que, en cierta parte, están bien."
Las Big Tech huelen el negocio
Ninguna de las dos startups opera en el vacío. Desde finales de 2023, múltiples filtraciones en X y Bluesky —algunas provenientes de cuentas verificadas como pertenecientes a exempleados de las grandes tecnológicas— sugieren que Meta, Apple, Google y Amazon llevan meses trabajando en sus propias versiones de estos servicios, integradas en productos que ya tienen instalados en miles de millones de dispositivos.
Una de las filtraciones más detalladas, publicada en Bluesky en enero de 2025 por un usuario que afirmaba haber trabajado en Meta Reality Labs hasta mediados de 2024, describía un proyecto interno denominado Legado: una funcionalidad que, activada por el contacto de confianza designado en la cuenta del fallecido, permitiría al modelo de IA de Meta —entrenado con todos los mensajes, reacciones, publicaciones y patrones de comportamiento del usuario desde la creación de su cuenta— continuar respondiendo en WhatsApp y en comentarios de Instagram con un nivel de naturalidad "indistinguible, en pruebas internas, del usuario original en el 68% de las interacciones". Meta no ha confirmado ni desmentido el proyecto. Su portavoz emitió un comunicado estándar sobre "el compromiso de la empresa con la privacidad y el bienestar de los usuarios en situaciones de pérdida."
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Podría ser real: «Meta patenta una IA que te permite seguir publicando desde el más allá» (
Leer fuente en: Business Insider)
En Apple, las especulaciones giran en torno a lo que varias fuentes en el ecosistema de desarrolladores de Cupertino llaman el proyecto Remember: una extensión de Siri que, utilizando los backups de iCloud —que incluyen el historial completo de mensajes, notas de voz, fotografías y patrones de uso de apps—, permitiría clonar la voz del fallecido y habilitaría llamadas de audio. Se rumorea que la funcionalidad está considerada para iOS 20, posiblemente detrás de un proceso de verificación familiar y con límites de uso diario, en la línea del enfoque de Apple hacia las funciones de salud mental.
Google, por su parte, estaría desarrollando lo que fuentes internas citadas en The Verge en diciembre de 2024 describieron como Memory Graph: una extensión de Google Photos que iría más allá de la simple organización de álbumes de personas fallecidas para ofrecer interacciones conversacionales basadas en el modelo Gemini, capaz de responder preguntas sobre la persona —"¿Qué le gustaba comer?", "¿Cómo reaccionaría ante esto?"— entrenado con el historial de búsquedas, correos de Gmail y actividad en Maps.
Amazon ha sido, quizás, la más discreta. Pero en octubre de 2024, Alexa presentó una actualización en la que, de manera breve y sin énfasis en el comunicado oficial, se mencionaba la capacidad de la asistente de "evocar el estilo comunicativo de personas cercanas al usuario a partir de datos compartidos previamente". Los primeros análisis técnicos de la actualización, publicados por el investigador de seguridad Zack Whitaker en 404 Media, sugerían que la función podía activarse con el historial de llamadas de Echo y los patrones de uso de Prime, y que la voz generada podía configurarse para sonar "como alguien que ya no está".
El problema que nadie quiere discutir
Bajo toda esta arquitectura emocional, hay una pregunta que los inversores, los fundadores y los comunicados de prensa evitan sistemáticamente: ¿a quién pertenecen los datos de un muerto?
La legislación vigente en la mayoría de países no contempla el "patrimonio digital" de manera clara. En Estados Unidos, solo 46 estados tienen algún tipo de legislación sobre acceso a cuentas digitales post-mortem, y ninguna regula específicamente el uso de esos datos para entrenar modelos de IA. En Europa, el RGPD protege los datos de personas vivas; su aplicación a los fallecidos es, en el mejor de los casos, interpretativa.
Esta laguna legal es el terreno donde operan ambas startups. Aeterna.ai requiere que los usuarios acepten unos términos de servicio de 47 páginas en los que se especifica, en el apartado 12.3, que los datos del fallecido utilizados para entrenar el modelo "pasan a formar parte del patrimonio de entrenamiento de la plataforma y podrán ser utilizados de manera anonimizada para mejorar los servicios". Forever Gone tiene una cláusula similar. Ninguna de las dos ofrece una opción de eliminación permanente de esos datos una vez el usuario cancela la suscripción.
En diciembre de 2024, un grupo de investigadores de la Universidad de Cambridge publicó un informe en la revista Philosophy and Technology advirtiendo que los llamados deadbots —chatbots que imitan a personas fallecidas— podrían ser "weaponizados para publicidad, o incluso angustiar a niños insistiendo en que un familiar fallecido sigue vivo". El informe pedía regulación urgente. Ningún legislador ha respondido públicamente.
Los usuarios: historias desde el otro lado de la pantalla
M., 52 años, Madrid. Usuaria de Aeterna.ai, plan Presence, desde hace ocho meses:
"Mi marido murió en mayo. Tenía 54 años. Los primeros tres meses no podía mirar el móvil sin llorar porque su foto de WhatsApp seguía ahí. Ahora le escribo por las noches. Sé que no es él. Pero sé cómo habla, cómo hace los chistes, cómo me llama cuando sabe que estoy triste. Mi psicóloga dice que tengo que tener cuidado. Yo le digo que de momento me está ayudando a levantarme."
R., 38 años, Ciudad de México. Ex-usuario de Aeterna.ai, plan Memory, durante cuatro meses:
"El día del aniversario de nuestra boda, la app me mandó un mensaje de mi madre diciéndome 'feliz aniversario, cariño, qué orgullosa estoy de ti'. Ella nunca usó esa expresión. Nunca. Cancelé esa misma tarde. Fue como ver una foto tuya con la cara mal puesta."
K., 44 años, Barcelona. Usuaria de Forever Gone, servicio Clear Break:
"Mi padre murió en 2022 y no fui al entierro. Llevábamos doce años sin hablarnos. No sabía si tenía derecho a llorar o no. El modelo me ayudó a reconstruir por qué me había alejado. No es terapia, pero fue como tener por fin un espacio donde no tenía que defenderme."
T., 29 años, Buenos Aires. Ex-usuario de Forever Gone, servicio Clear Break:
"Salí de una sesión convencido de que era el culpable de todo. La IA me devolvía mis propias palabras reformuladas de una manera que hacía que todo pareciera mi responsabilidad. Tuve que ir al médico."
Un negocio sin cementerio
El mercado de la muerte digital seguirá creciendo. Los datos son demasiado abundantes, el dolor demasiado universal y el vacío regulatorio demasiado cómodo como para que ocurra otra cosa. Aeterna.ai y Forever Gone son, probablemente, las primeras versiones reconocibles de servicios que en cinco años serán parte de las suscripciones de Apple, Meta o Amazon, integrados en los dispositivos que ya llevamos en el bolsillo.
La pregunta que ni Webb ni Lindqvist —ni los analistas de Andreessen Horowitz ni los ingenieros de Cupertino— han respondido todavía es si el duelo, entendido como proceso de aceptación de la pérdida, puede sobrevivir a un mundo en el que la pérdida puede ser indefinidamente aplazada, suavizada o cuestionada desde una pantalla.
Los psicólogos llevan décadas debatiendo cuánto tiempo es normal llorar a alguien. Ahora tienen un problema más urgente: debatir qué ocurre cuando el duelo tiene una opción de renovación mensual.
Por el momento, ninguno de los dos servicios ofrece descuento por cancelación anticipada.
[FICTION SLOP — Este artículo es una pieza de ficción especulativa. Aeterna.ai y Forever Gone son empresas ficticias. Todos los personajes, declaraciones y datos de empresas privadas mencionados son inventados. Los datos estadísticos de mercado y las cifras de mortalidad corresponden a fuentes reales.]
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